Perdon por no publicar ayer pero no me dejaba el sistema... Pronto otra manera para que no esten tan largos
Capitulo Dos :
En memoria
El capitulo esta en un comentario para qe deje espacio, solo pikenle ahi donde dice 2 comentarios y lo pueden leer
viernes, 17 de julio de 2009
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Probando
ResponderEliminarHarry estaba sangrando. Agarrándose la mano derecha con la izquierda y
ResponderEliminarjurando por lo bajo, abrió la puerta de su dormitorio con el hombro. Hubo un
crujido de porcelana rota. Había pisado una taza de te frío que yacía sobre el
suelo fuera de la puerta de su dormitorio.
-Que dem…
Miró a su alrededor, el descansillo del número cuatro de Privet Drive,
estaba desierto. Posiblemente la taza de te fuera la idea que tenía Dudley de
lo que sería una hábil trampa cazabobos. Manteniendo la mano sangrante
elevada, Harry reunió los fragmentos de la taza con la otra mano y los tiró
dentro de la ya repleta papelera que apenas se veía dentro del dormitorio.
Luego con fuertes pisadas fue hacia el baño para poner el dedo debajo del
grifo.
Era estúpido, inconveniente e irritante más allá de lo creíble que todavía
le faltaran cuatro días para poder hacer magia… pero tenía que admitir ante si
mismo que ese sinuoso corte en el dedo podría haberlo derrotado. Nunca
había aprendido a curar heridas, y ahora que pensaba en ello –
particularmente a la luz de sus planes inmediatos- este parecía un serio fallo
en su educación mágica. Haciendo una nota mental de pedirle a Hermione que
le enseñara a hacerlo, uso un gran puñado de papel higiénico para limpiar
tanto te como pudo, antes de volver al dormitorio y cerrar la puerta de un
golpe tras de sí.
Harry había pasado la mañana vaciando completamente el baúl del
colegio por primera vez desde que lo había empacado seis años atrás, desde
comienzo de los años de internado escolar, hasta ahora apenas había tocado
las tres cuartas partes superiores y las había reemplazado o renovado,
dejando una capa de restos varios en el fondo, viejas plumas, ojos de
escarabajo disecados, calcetines sueltos que ya no le servían. Minutos antes
Harry había hundido la mano en esa porquería, experimentando un dolor
punzante en el cuarto dedo de la mano derecha y al sacarla había visto un
montón de sangre.
Ahora procedió con algo más de cuidado. Arrodillándose junto al baúl,
tanteó el fondo y después de retirar una vieja insignia que cambiaba
débilmente entre “Apoyen a CEDRIC DIGGORY y POTTER APESTA”, un
resquebrajado y gastado chivatoscopio y un relicario de oro dentro del cual
una nota firmada R.A.B había estado escondida, finalmente descubrió el
borde afilado que había causado el daño. Lo reconoció enseguida. Era un
fragmento de dos pulgadas de largo del espejo encantado que su padrino,
ahora muerto, Sirius, le había dado. Harry lo dejo a un lado y tanteó
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cautamente en el baúl buscando el resto, pero no quedaba nada más del
último regalo de su padrino salvo vidrio pulverizado que se adhería como arena brillante a la capa más profunda de restos.
Harry se sentó derecho y examinó el mellado pedazo con el que se había
cortado, sin ver nada más que sus propios brillantes ojos verdes reflejados en
él. Luego puso el fragmento sobre El Profeta de esa mañana, que descansaba
sobre la cama sin leer, e intentó contener el repentino flujo de amargos
recuerdos, las puñaladas de añoranza y nostalgia que el descubrimiento del
espejo roto habían ocasionado, atacando el resto de la basura que había en el
baúl.
Le llevó otra hora vaciarlo completamente, tirar las cosas inútiles y
clasificar las restantes en pilas de acuerdo a si iba a necesitarlas o no a partir
de ahora. Los uniformes del colegio y de Quidditch, el caldero, pergaminos,
plumas y la mayoría de los libros de texto fueron apilados en una esquina,
para ser dejados atrás. Se preguntaba que harían su tía y su tío con ellos;
probablemente quemarlos a altas horas de la noche como si fueran las
pruebas de algún horrendo crimen.
Su ropa muggle, la capa de invisibilidad, el
ResponderEliminarequipo para fabricar pociones, algunos libros, el álbum de fotos que Hagrid le
había obsequiado una vez, un puñado de cartas y su varita habían sido
empacadas nuevamente en una vieja mochila. En un bolsillo delantero coloco
el mapa del merodeador y el relicario con la nota firmada R.A.B. Al relicario
le había otorgado ese lugar de honor no debido a su valor –era inútil en todos
los sentidos prácticos- sino debido a lo que había costado obtenerlo.
Esto dejaba un considerable fajo de periódicos sobre el escritorio, al lado
de su nevada lechuza, Hedwig. Uno por cada día que había pasado en Privet
Drive ese verano.
Se levantó del suelo, se estiró y cruzó la habitación hacia el escritorio.
Hedwig no hizo ni un movimiento cuando empezó a hojear los periódicos,
tirándolos a la pila de basura uno por uno. La lechuza estaba dormida, o lo
fingía, estaba enfadada con Harry por la limitada cantidad de tiempo que en
ese momento se le permitía pasar fuera de la jaula.
Mientras se acercaba al fondo de la pila de periódicos, Harry aminoró la
velocidad, buscando un ejemplar en particular que sabía que había llegado
poco después de haber llegado él a Privet Drive a pasar el verano; recordaba
que en la primera página había habido una pequeña mención sobre la
renuncia de Charity Burbage, la profesora de Estudios Muggles de Hogwarts. Al
final lo encontró. Yendo a la página diez se hundió en la silla del escritorio y
releyó el artículo que había estado buscando.
Albus Dumbledore Recordado
Por Elphias Dodge
Conocí a Albus Dumbledore a la edad de once años en
nuestro primer día en Hogwarts. Nuestra mutua atracción
se debió sin duda al hecho de que ambos nos sentíamos
forasteros. Yo por mi parte había contraído fiebre del
dragón poco antes de llegar al colegio, y aunque ya no era
contagioso, mi rostro picado y el tinte verdoso no
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alentaban a muchos a que se me acercaran. Por su parte
Albus había llegado a Hogwarts con la carga de la no
deseada notoriedad. Apenas un año antes su padre Percival
había sido apresado por un salvaje y bien publicitado
ataque contra tres jóvenes Muggles.
Albus nunca intentó negar que su padre (que murió en
Azkaban) hubiera cometido ese crimen, al contrario,
cuando reuní valor para preguntarle me aseguró que sabía
que su padre era culpable. Aparte de eso, Dumbledore se
negaba a hablar del triste asunto, aunque muchos trataron
de que lo hiciera. Algunos, incluso, estaban dispuestos a
alabar la acción de su padre y asumieron que también
Albus era enemigo de los muggles. No podían haber estado
más equivocados: ya que cualquiera que conociera a Albus
podría haber atestiguado que jamás reveló ni la más
remota tendencia anti-muggle. Es más, su decidido apoyo a
los derechos de los muggles le ganó muchos enemigos en
los años subsiguientes. Sin embargo, en cuestión de meses la propia fama de
Albus comenzó a eclipsar la de su padre. Al finalizar el
primer año ya nunca más sería conocido como el hijo del
enemigo de los muggles, sino nada más y nada menos que
como el más brillante alumno visto nunca vez en el colegio.
Aquellos de nosotros que tuvimos el privilegio de ser sus
amigos nos beneficiamos de su ejemplo, por no mencionar
su ayuda y estímulo, con los cuales siempre era generoso.
Más tarde me confesó que incluso entonces había sabido
que su mayor placer sería siempre la enseñanza.
No solo ganó cada premio por mérito que ofrecía el
colegio sino que pronto estuvo manteniendo
correspondencia regularmente con los más notables magos
de renombre de la época, incluyendo a Nicolas Flamel, el
celebrado alquimista; Bathilda Bagshot, la notoria
historiadora; y Adalbert Waffling el mago teórico. Varios
de sus documentos se abrieron camino hasta conocidas
publicaciones, como Transfiguración Hoy, Los Retos de los
Encantamientos y Pociones Prácticas. La futura carrera de
Dumbledore parecía que iba a ser meteórica y la única
pregunta a considerar era cuándo iba a convertirse en
Ministro de Magia.
Sin embargo aunque en años posteriores
ResponderEliminarse predijo varias veces que estaba a punto de aceptar el
trabajo, nunca tuvo ambiciones ministeriales.
Tres años después de que hubiéremos comenzado en
Hogwarts el hermano de Albus, Aberforth, llegó al colegio.
No se parecían; Aberforth nunca fue carismático, y al
contrario que Albus, prefería arreglar las disputas con
duelos en lugar de a través de discusiones razonables. Sin
embargo es bastante erróneo afirmar, como algunos han
hecho, que los hermanos no eran amigos. Se llevaban tan
bien como podrían hacerlo dos muchachos tan diferentes.
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Para ser justos con Aberforth, se debe admitir que vivir
bajo la sombra de Albus no puede haber sido una
experiencia totalmente cómoda. Ser continuamente
eclipsado era el riesgo inherente de ser su amigo y ser su
hermano no debe haber sido mucho más placentero.
Cuando Albus y yo dejamos Hogwarts habíamos
planeado hacer juntos la entonces tradicional vuelta al
mundo, visitando y observando a magos extranjeros antes
de proseguir con nuestras respectivas carreras. Sin
embargo la tragedia intervino. En la misma víspera de
nuestra partida, la madre de Albus, Kendra murió. Dejando
a Albus como el cabeza y único sustento de la familia.
Pospuse mí partida lo suficiente como para presentar mis
respetos en el funeral de Kendra y luego partí para lo que
ahora sería un viaje solitario. Con un hermano y hermana
más jóvenes a los que cuidar, y con poco dinero heredado,
ya no había dudas de que Albus no me acompañaría.
Ese fue el período de nuestras vidas en el que menos
contacto tuvimos, le escribí a Albus contándole, tal vez
insensiblemente, de las maravillas de mi viaje, narrándole
desde escapadas por los pelos de chimaeras en Grecia
hasta experimentos llevados a cabo por los alquimistas
egipcios. Sus cartas me decían poco de su vida diaria, que
adivinaba debía ser extremadamente aburrida para tan
brillante mago. Inmerso en mis propias experiencias fue
con horror que escuché ya cerca del final de mi viaje de un
año, que otra tragedia más había golpeado a los
Dumbledore; la muerte de su hermana Ariana.
Aunque Ariana había sufrido de mala salud desde
hacía algún tiempo, el golpe, acaecido tan poco tiempo
después de la pérdida de su madre, tuvo un profundo
efecto en ambos hermanos. Todas las personas cercanas a
Albus –y me cuento a mí mismo entre ese afortunado
número- coincidimos en que la muerte de Ariana, y los
sentimientos de Albus de que se sentía personalmente
responsable (aunque por supuesto que no tuvo la culpa)
dejaron una marca permanente en él.
Regresé a casa para encontrarme a un hombre joven
que había experimentado sufrimientos reservados para una
persona de mayor edad. Albus era más reservado que antes,
y mucho menos alegre. En adición a su desdicha, la pérdida
de Ariana, había llevado, no a una renovada cercanía entre
Albus y Aberforth, sino a un alejamiento (con el tiempo
este se disiparía… en años posteriores restablecieron si no
una relación cercana al menos una ciertamente cordial).
De todas formas, de allí en adelante habló muy raramente
de sus padres o de Ariana y sus amigos aprendimos a no
mencionarlos.
Otras plumas describirán los triunfos de los años
subsiguientes. Las innumerables contribuciones de
Dumbledore al cúmulo de conocimientos sobre hechicería,
ResponderEliminarincluyendo el descubrimiento de los doce usos de la sangre
de dragón que beneficiaría a las generaciones por venir,
así como la sabiduría que desplegaba en los muchos juicios
que efectuó siendo Brujo Supremo del Winzegamot. Aún se
comenta que ningún duelo entre brujos superó nunca al
sostenido entre Dumbledore y Grindelwald en 1945. Los
que lo presenciaron han escrito acerca del terror y el
asombro que sintieron al observar a esos dos
extraordinarios brujos batallar. El triunfo de Dumbledore y
sus consecuencias para el mundo de la hechicería son
considerados un punto culminante en la historia de la
magia, comparable a la introducción del Estatuto
Internacional de Reserva o la caída de El-que-no-debe-ser-
nombrado.
Albus Dumbledore nunca fue soberbio ni vano; podía
encontrar algo que valorar en cualquier persona, sin
importar cuan aparentemente insignificante o ruin fuera, y
creo que sus tempranas pérdidas lo dotaron de gran
humanidad y compasión. Extrañaré su amistad más de lo
que puedo expresar, pero mi pérdida no es nada
comparada con la del mundo de la magia. No se puede
cuestionar que fue el más inspirado y amado director de
Hogwarts. Murió como vivió, trabajando siempre por el
bien mayor y hasta su última hora tan deseoso de tender la
mano a un pequeño niño con fiebre de dragón como el
primer día que le conocí.
Harry terminó de leer pero continuó mirando la foto que aparecía
acompañando el obituario. Dumbledore lucía su acostumbrada sonrisa gentil,
pero como miraba por encima de sus medias gafas, daba la impresión, incluso
desde el periódico, de que miraba a Harry con rayos X, provocando que la
tristeza se entremezclara con una sensación de humillación.
Él había creído conocer a Dumbledore bastante bien, pero desde que
había leído el obituario se había visto forzado a reconocer que apenas si le
conocía. Ni una sola vez se había imaginado la niñez y la juventud de
Dumbledore, era como si hubiera nacido tal como Harry lo había conocido,
venerable, con el cabello plateado y anciano. La idea de un Dumbledore
adolescente era sencillamente extraña, como tratar de imaginarse a una
Hermione estúpida o a un escreguto de cola explosiva amistoso.
Nunca había pensado en preguntarle a Dumbledore acerca de su pasado.
Sin duda se hubiera sentido extraño, impertinente incluso, pero después de
todo era de común conocimiento que Dumbledore había tomado parte en ese
legendario duelo con Grindelwald, y a Harry no se le había ocurrido
preguntarle como había sido eso, ni acerca de ninguno de sus otros famosos
logros. No, siempre habían hablado de Harry, el pasado de Harry, el futuro de
Harry, los planes de Harry… y a Harry le parecía ahora que a pesar del hecho
de que su futuro fuera tan peligroso e incierto, había perdido irremplazables
oportunidades al haber omitido preguntarle a Dumbledore más cosas acerca
de su vida. Aunque sospechaba que la única pregunta personal que jamás le
había hecho a su Director era también la única que Dumbledore no había
ResponderEliminarrespondido honestamente.
¿Qué ve cuando mira en el espejo?
¿Yo? Me veo a mi mismo sosteniendo un grueso par de calcetines de lana.
Después de considerarlo unos minutos, Harry arrancó el obituario de El
Profeta, lo dobló cuidadosamente y lo metió dentro del primer volumen de
Defensa Mágica Práctica y sus Usos Contra las Artes Oscuras. Luego tiró el
resto del periódico a la pila de basura y se giró enfrentando la habitación.
Estaba mucho más ordenada. La única cosa fuera de lugar era El Profeta del
día de hoy, aún tirado sobre la cama con el trozo de espejo roto encima.
Harry cruzó la habitación, corrió el fragmento de espejo sacándolo de
encima de El Profeta del día, y desdobló el periódico. Cuando esa mañana
temprano había recogido el periódico enrollado traído por la lechuza
repartidora, apenas le había echado un vistazo al titular y después de advertir
que no decía nada acerca de Voldemort lo había hecho a un lado. Harry
estaba seguro que el Ministerio estaba presionando a El Profeta para que
suprimiera las noticias sobre Voldemort. Por lo que ahora mismo cuando vio lo
que se había perdido.
Atravesando la segunda mitad de la página principal había un titular más
pequeño colocado sobre una foto de Dumbledore caminando a zancadas, con
aspecto apurado.
Dumbledore ¿Al Fin La Verdad?
La próxima semana la emocionante historia del
imperfecto genio considerado por muchos el más grandiosos
mago de su generación. Despojándole de la imagen popular
de serena sabiduría bajo la barba plateada, Rita Skeeter
revela la trastornada infancia, la desenfrenada juventud, las
eternas enemistades, y los secretos culpables que
Dumbledore se llevó a la tumba. ¿POR QUÉ el hombre hecho
para ser Ministro de Magia se contentó con ser un mero
Director? ¿CUÁL era el propósito real de la organización
secreta conocida como la Orden del Fénix? ¿CÓMO encontró
verdaderamente Dumbledore su final?
La respuesta a estas y muchas otras preguntas serán
exploradas en la nueva y explosiva biografía, Vida y Mentiras
de Albus Dumbledore, por Rita Skeeter, exclusivamente
entrevistada por Barry Braithwaite, página 13 en el interior.
Harry abrió el periódico de un tirón y encontró la página trece. El
artículo estaba encabezado por una foto que mostraba otra cara familiar: una
mujer que usaba gafas enjoyadas con el cabello peinado en rizos rubios muy
elaborados, los dientes sobresalían en lo que claramente se veía que era una
sonrisa triunfal, meneando los dedos ante él. Haciendo lo que pudo por
ignorar esa nauseabunda imagen, Harry continuó leyendo
En persona Rita Skeeter es mucho más cálida y suave de
lo que los famosos retratos hechos con su feroz pluma puedan sugerir. Me dio la bienvenida en el vestíbulo de su
acogedor hogar y me condujo directamente a la cocina para
ofrecerme una taza de té, una pedazo de tarta, y no hace
falta que lo diga, un humeante cubo de los más novedosos
chismes.
-Bueno por supuesto que Dumbledore es el sueño de un
cronista, dijo Skeeter, con una vida tan larga y plena. Estoy
segura de que mi libro será el primero de muchos, muchos
otros.
Skeeter fue ciertamente rápida Había terminado el
libro de novecientas páginas, solamente cuatro semanas
después de la misteriosa muerte de Dumbledore acaecida en
junio.
Le pregunté como se las había arreglado para llevar a
cabo esa proeza tan increíblemente rápido.
-Oh, cuando has sido periodista tanto tiempo como yo,
trabajar con plazos límite se convierte en tu segunda
naturaleza. Sabía que el mundo de la magia clamaba por la
historia completa y quería ser la primera en complacer esa
necesidad.
Mencioné la reciente nota ampliamente divulgada de
ResponderEliminarElphias Doge, Consejero Especial del Wizengamot y perpetuo
amigo de Albus Dumbledore, que dice “El libro de Skeeter
contiene menos hechos que una tarjeta de las que
encuentras en las Ranas de Chocolate”.
Skeeter echó atrás la cabeza y se rió.
-¡Querido Dodgy! Recuerdo haberle entrevistado hace
unos años acerca de los derechos de las sirenas, que Dios lo
bendiga. Está completamente gaga, parecía pensar que
estábamos sentados en el fondo del Lago Windermere,
continuaba diciéndome que tuviera cuidado con las truchas.
Y aún así las acusaciones de inexactitudes de Elphias
Doge han echo eco en muchos lugares. ¿Realmente Skeeter
piensa que cuatro cortas semanas son suficientes para tener
un cuadro completo de la larga y extraordinaria vida de
Dumbledore?
-Oh, querido, sonríe Skeeter golpeándome
afectuosamente los nudillos, ¡sabes tan bien como yo cuanta
información puede ser generada con una bolsa de galeones,
una negativa a escuchar la palabra “no” y una linda y afilada
Pluma Citas-Rápidas! De todas formas la gente hacía cola
para entregarme en bandeja los chanchullos de Dumbledore.
No todos pensaban que era tan maravilloso, sabes. Pisó una
horrible cantidad de importantes pies. Pero el viejo Dodgy
Doge puede ir bajándose de su alto hipogrifo, porque tuve
acceso a una fuente por la que la mayoría de los periodistas
hubieran agitado sus varitas, una que nunca había hablado
en público antes y que estuvo muy unida a Dumbledore
durante la más turbulenta y angustiosa etapa de su juventud.
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La publicidad anticipada de la biografía de Skeeter
había sugerido que ciertamente habría abundantes
sobresaltos para aquellos que creían que Dumbledore había
llevado una vida libre de culpas. ¿Cuáles eran las grandes
sorpresas que encubría? Le pregunté.
-Venga, vamos, déjalo, Betty, ¡no voy a revelar todo lo
destacable antes de que nadie compre el libro! Skeeter se
echó a reír, pero te prometo que cualquiera que todavía
piense que Dumbledore era tan blanco como su barba ¡es
susceptible a sufrir un crudo despertar! Digamos solamente
que nadie que lo haya oído rabiar contra Ya-sabes-quien
hubiera soñado que él mismo chapoteó en las Artes Oscuras
en su juventud. Y para un brujo que pasó sus últimos años
defendiendo la tolerancia, no era exactamente abierto de
mente cuando era más joven. Si, Albus Dumbledore tiene un
pasado extremadamente oscuro, por no mencionar una
familia muy sospechosa, que se empeñó muy duro en
mantener oculta.
Pregunté a Skeeter si iba a hacer referencia al hermano
de Dumbledore, Aberforth, que fue encarcelado por mal uso
de la magia por el Wizengamot causando un escándalo menor
quince años atrás.
-Oh, Aberforth es solo la punta del montón de estiércol,
se rió Skeeter, No, no. Estoy hablando de algo mucho peor
que un hermano con una afición a enredarse con cabras, aún
peor que un padre mutilador de muggles… De cualquier
forma Dumbledore no pudo mantener a ninguno de los dos
entre las sombras, el Wizengamot presentó cargos contra
ambos. No, eran la madre y la hermana las que me
intrigaban y escarbando un poco descubrí un verdadero nido
de asquerosidades, pero como dije, tendrás que esperar a los
capítulos nueve a doce para obtener los detalles completos.
Todo lo que puedo decir ahora es que no me extraña que
Dumbledore nunca hablara acerca de cómo se rompió la nariz.
¿No obstante los esqueletos familiares, negaba Skeeter
la brillantez que llevó a Dumbledore a hacer varios
descubrimientos mágicos?
-Tenía cerebro, concedió, aunque ahora muchos se
preguntan si realmente puede llevarse todo el crédito de
todos sus supuestos logros. Como revelo en el capítulo
dieciséis, Ivon Dillonsby, reclama que ya había descubierto
ocho usos de la sangre de dragón cuando Dumbledore tomó
“prestados” sus documentos.
Pero la importancia de algunos de los logros de
ResponderEliminarDumbledore, no puede, presumo, ser negada. ¿Qué me dice
de la famosa derrota de Grindelwald?
-Oh, me alegra que haya nombrado a Grindelwald, dijo
Skeeter con una sonrisa exasperada, me temo que esos que
ven con inocentes y confiados ojos la espectacular victoria de
Dumbledore, deben prepararse a sí mismos para una bomba…
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o tal vez una bomba de estiércol. Un asunto muy sucio en
verdad. Todo lo que diré es que no estén tan seguros de que
realmente hubo un espectacular duelo de leyenda. Después
de leer mi libro la gente puede verse forzada a concluir que
Grindelwald sencillamente conjuró un pañuelo blanco de la
punta de su varita y se rindió tranquilamente.
Skeeter se negó a revelar nada más acerca de este
intrigante tema, por lo que nos volcamos en la relación que
seguramente fascinará a sus lectores más que cualquier otra.
-Oh, si, dijo Skeeter, asintiendo vivamente, dedico un
capitulo entero a la relación Potter-Dumbledore. Ha sido
llamada poco saludable, incluso siniestra. Nuevamente, los
lectores tendrán que comprar el libro para obtener la
historia completa, pero no hay duda de que Dumbledore
tenía un interés poco natural en Potter, ya que estamos. Si
eso fue realmente para bien del muchacho… bien ya lo
veremos. Es ciertamente un secreto a voces que Potter ha
tenido una adolescencia de lo más problemática.
Pregunté a Skeeter si aún se mantenía en contacto con
Harry Potter, a quien tan célebremente había entrevistado
el año pasado, en un importante avance en el que Potter
hablaba en exclusiva de su convicción de que Ya-saben-quien
había regresado.
-Oh, si desarrollamos un lazo íntimo, dijo Skeeter,
pobre Potter tiene muy pocos amigos verdaderos, y nos
conocimos en uno de los momentos de su vida en el que más
duramente fue puesto a prueba… El Campeonato de los Tres
Magos. Probablemente soy una de las pocas personas con
vida que puede decir que conoce al verdadero Harry Potter.
Lo que nos lleva a los muchos rumores que aún circulan
acerca de las últimas horas de Dumbledore. ¿Piensa Skeeter
que Potter estaba allí cuando Dumbledore murió?
-Bueno no quiero decir demasiado… está todo en el
libro… pero testigos dentro del castillo de Hogwarts vieron a
Potter salir corriendo de la escena, momentos después de
que Dumbledore cayera, saltara o fuera empujado. …
después se encontraron evidencias contra Severus Snape un
hombre contra el cual Harry siente un notorio rencor. ¿Es
todo lo que parece? Eso queda a juicio de la Comunidad
Mágica… una vez que haya leído mi libro.
Con esa intrigante nota me despido. No hay duda de que
Skeeter ha escrito un best seller instantáneo. Mientras que
las legiones de admiradores de Dumbledore puede que estén
temblando ante lo que pronto saldrá a la luz acerca de su
héroe.
Harry llegó al final del artículo pero continuó mirando la página
inexpresivamente. La repulsión y la furia ascendieron en él como si fuera a
vomitar. Hizo una bola con el periódico y lo arrojó con todas sus fuerzas,
contra la pared, donde fue a reunirse con el resto de la basura apilada
ResponderEliminaralrededor de la repleta papelera.
Empezó a caminar a zancadas, ciegamente, por la habitación, abriendo
cajones vacíos y levantando libros solo para volverlos a dejar en las mismas
pilas, apenas consciente de lo que estaba haciendo, mientras frases al azar
del artículo de Rita hacían eco en su cabeza: Un capítulo entero a la relación
Potter-Dumbledore… Ha sido llamada poco saludable, incluso siniestra… el
mismo chapoteó en las artes oscuras en su juventud… tuve acceso a una
fuente por la que la mayoría de los periodistas hubieran agitado sus varitas…
-¡Mentiras! -gritó Harry, y a través de la ventana vio como el vecino de la
casa de al lado, que había hecho una pausa mientras segaba el césped, miraba
nerviosamente hacia arriba.
Harry se sentó en la cama con fuerza. El pedazo roto de espejo danzó
lejos de él; lo levantó y le dio vuelta entre los dedos, pensando… pensando en
Dumbledore y en las mentiras con que Rita Skeeter le estaba difamando...
Hubo un relámpago de brillante azul. Harry se quedó congelado, el dedo
lastimado deslizándose sobre el mellado borde del vidrio otra vez. Debía
habérselo imaginado, seguramente. Miro por encima del hombro, pero la
pared lucía el enfermizo tono durazno que su tía Petunia había elegido. No
había nada azul allí que pudiera ser reflejado por el espejo. Volvió a mirar el
fragmento de espejo nuevamente, sin ver otra cosa que sus brillantes ojos
verdes devolviéndole la mirada.
Se lo había imaginado, no había otra explicación. Lo había imaginado por
haber estado pensando en su director muerto. Si de algo era seguro, era que
los brillantes ojos azules de Albus Dumbledore, nunca le atravesarían otra vez.
FIN CAPITULO
muy bien!
ResponderEliminarmi favorito weno de mis favoritos es el de los 7 potters!
amo el kapitulo!